Lo suficientemente cerca de todo como para disfrutar de una escapada –a poco más de dos horas de Madrid o Zaragoza– y lo suficientemente lejos como para protagonizar una desconexión total y recargar pilar. Exploramos la Comarca de Molina-Alto Tajo, al este de Guadalajara, un territorio tranquilo y único con buena oferta gastronómica y un patrimonio más que interesante, y donde la historia de la tierra compite con unos bucólicos y relajantes paisajes.
1. Riba de Saelices

Belleza e historia se alían en Riba de Saelices –primera parada de nuestra ruta– para dibujar una de las localidades más interesantes de la provincia. A las afueras, junto al merendero, alcanzamos la Cueva de los Casares, coronada por la Atalaya árabe. La gruta es una joya del paleolítico europeo y está declarada Monumento Nacional. Sus grabados tienen un valor incalculable, no solo por su calidad y cantidad, sino porque son los primeros del mundo en representar escenas sexuales.

Dedícale tiempo a la zona: merece la pena, tanto para entrar en la Atalaya árabe –combina su visita con la de la cueva contactando con el Museo de Molina– como para recorrerla paso a paso. Si te animas, de aquí parte la geo-ruta 2 –conecta el Valle de los Milagros con el de la Sal–, una de las 11 señalizadas de este territorio que, en gran parte, es Parque Natural.
2. Olmeda de Cobeta


Seguimos en modo zen y, a unos 30 kilómetros, llegamos al Monasterio de Buenafuente del Sistal, una comunidad cisterciense donde viven 7 monjas de clausura. Aquí no hay bar ni televisión pero si quieres acercarte a este mundo espiritual, transitar entre el silencio de sus jardines y admirar la capilla –impresionante la talla del Cristo de la Salud de Buenafuente, una pieza románica del siglo XII–, cuentan con una hospedería donde te puedes alojar pagando la voluntad.
3. Corduente

Después de 25 kilómetros al este, entramos en el paisaje más característico del geoparque, el Barranco de la Hoz: 105 hectáreas con caprichosas formaciones de arenisca y caliza, un paisaje antiquísimo –anterior al jurásico– con huellas de plantas milenarias y lagartos gigantes. El espacio, con 350 metros de caída, está rodeado de pinos resineros, una sustancia recuperada en la economía de la comarca que se usa para prótesis dentales, recubrimiento de medicinas…

No te vayas sin visitar el Santuario de Nuestra Señora de la Hoz, una pequeña joya románica del siglo XIII, y tomar algo en el Restaurante Virgen de la Hoz, mientras contemplas la imponente mole iluminada.
4. Molina de Aragón

Entramos en el Geoparque de la Comarca de Molina de Aragón-Alto Tajo, al oriente de la provincia, lindando con Cuenca, Teruel, Zaragoza y Soria. Nos informamos de qué es exactamente un geoparque –una zona de alto patrimonio geológico con un proyecto de desarrollo basado en su promoción turística– y constatamos que éste, con 4.000 km2, no solo es el más grande de España sino uno de los mayores del mundo.

La tranquilidad total es una característica de este jovencísimo geoparque de apenas 4 años, que encabeza la lista de zonas desérticas de España, con una densidad que no alcanza los 10.000 habi- tantes/ km2. Disfruta de este paisaje llano con colinas, campos de girasoles y bosque mediterráneo y completa tu visita en el Museo de Molina –en Molina de Aragón–, donde te explicarán todo acerca del geoparque.
5. Campillo de Dueñas

Más al este, en plena sierra de Caldereros –un Monumento Natural que separa las cuencas del Ebro y el Tajo– encontramos una joya medieval. Es el castillo de Zafra, una fortaleza clave en la época debido a su posición, entre Castilla y Aragón. Sus visitas se han multiplicado en los últimos años ya que aquí se rodó el episodio con el nacimiento de Jon Snow, en Juego de Tronos.

Estamos en un territorio donde la miel es un tesoro y, su consumo, toda una liturgia. Además, saborea el chocolate y la pata de vaca, una especie de brazo de gitano que solo encontrarás en esta zona, especialmente, en Molina de Aragón. Si quieres ahondar más en la oferta gastro, te recomendamos el rabo de toro, las migas, el morteruelo y los galianos, una especie de gazpacho típico de los pastores.
6. Peralejos de las Truchas

Rumbo hacia el sur, Peralejos de las Truchas es una localidad con alma slow que encabeza la lista de los pueblos más bonitos de Castilla-La Mancha. Es un sitio perfecto para pasear por su entorno y, como su propio nombre indica, saborear unas truchas a la molinera de escándalo. Aprovecha para visitar la iglesia de San Mateo Apóstol, la Casa del Cura y la plaza de la Fuente, dedicada a José Luis Sampedro.

Para una desconexión total, elige uno de los apartamentos del complejo rural Acebos del Tajo y date un homenaje gastronómico en su asador, especializado en carnes a la brasa y con un solete Repsol.
7. Zaorejas

Seguimos el curso del río y alcanzamos el Mirador del Tajo para disfrutar el típico paisaje de farallones y cortados y una estampa única: los halcones y buitres leonados sobrevolando el cielo y, abajo, el cañón del Tajo en su confluencia con el Gallo. Además, el mirador está adaptado para invidentes y personas con movilidad reducida. A pocos kilómetros dirección a Corduente llegamos al Puente de San Pedro, el punto que se sitúa justo donde las aguas del río Gallo se juntan con las del Tajo creando un escenario casi irreal.

Ahora, en época de lluvias, multiplicarás los selfies, cuando veas las aguas rojas de arcilla del Gallo junto a las blancas de caolín del Tajo, pero sin mezclarse. Cierra por un segundo los ojos y siente el silencio, la vida y la historia que rodea al Tajo. Uno de los hijos predilectos de la zona, el escritor José Luis Rodríguez Sampedro, la cuenta una de sus obras cumbre, El río que nos lleva, y se convierte en el guía perfecto para revivir la historia de este caudal. Ya hay rutas que rememoran la vida de los gancheros, que tiraban los troncos al Tajo y los conducían flotando hasta Aranjuez.
La imagen que abre el texto es Río Tajo a su paso por Zaorejas | EVG

